"En nuestro tiempo apareció un tal Jesús , de gran fortaleza, rostro venerable, ojos serenos y abundante barba. Sus discípulos le llamaron Hijo de Dios, pues resucitó muertos y curó enfermedades."
El Evangelio no es sólo un libro histórico. Es un mensaje actual y apremiante. Hoy nos recuerda que, al Señor no podemos darle respuestas fáciles y teóricas. Hemos de responderle con el serio compromiso de nuestras vidas, leer más.
REFLEXIÓN HOMILÉTICA DEL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 20 DE JUNIO, DOMINGO XII (C) (Luc- 9, 18-24)
DOMINGO XII(C)(Luc- 9, 18-24)
- Aprendí de San Josemaría que, una forma de sacar provecho a la lectura del Evangelio consiste en, tratar de meternos en la escena evangélica que leemos, como un personaje más de los que escuchan a Jesús.
- El Evangelio de hoy, especialmente, se presta a eso, a enrolarnos en esa escena en la que Jesús podría dirigir la misma pregunta a cualquiera de nosotros: ¿Quien soy Yo para ti? O, dicho con otras palabras: ¿Qué significo o qué papel (a veces, papelón) juego Yo en tú vida? ¿Qué lugar ocupa mi persona en tus proyectos, en tu jerarquía de valores?
- Si somos sinceros, hemos de reconocer que nuestras vidas están lejos de poder dar a Jesús una respuesta convincente. En muchos casos, nuestra religiosidad no pasa de un “barnizde cristianos” y, desde luego, estamos todavía muy lejos de la meta conseguidapor San Pablo cuando decía: “Vivo yo, más no yo es Cristo quien vive en mi”. ¡Nosotros nos resistimos a a esa transformación! Por eso nuestra Fe tiene tan poco peso, porque solemos conformarnos con ese …,“ir tirando”,tan poco comprometedor.
- Nos resulta más fácil, un cumplimiento rutinario que, “mojándonos de verdad”, decidirnos a desarraigar nuestros malos hábitos, y dejar que el Evangelio de Cristo y su voluntad divina transformen nuestras vidas.
-Cómodamente respondemos a su pregunta, afirmando: “Jesucristo es el Hijo de Dios vivo”, pero no nos planteamos, en serio, esa “metanoia”, ese cambio de vida que es lo que, de verdad, espera Cristo de nosotros.
- Esta puede ser una razón por la que, a propósito de la pregunta que nos formula Jesús: “¿Quien soy yo para ti?, haya querido sacarnos de ensoñaciones y posturas cómodas, recordándonos que confesarle, es algo ¡muy comprometedor!, porque supone: renunciar a sí mismo, cargar con su cruz, hacerse violencia para frenar los insaciables impulsos de nuestro “yo”.
“El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y que se venga conmigo”.
- Resumiendo. Lo que el Señor espera de nosotros, como respuesta sincera a su pregunta, no son confesiones fáciles o respuestas teóricas: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”. Lo que espera, como única respuesta válida a la confesión de nuestros labios es, que llevemos a cabo en nuestras vidas el “proceso de conversión” que nos reclama El, como “Mesías e Hijo de Dios”